La relación entre Agustín Ibarrola y el Gernika ha sido muy intensa. El artista vasco ha manifestado con actos, obras y palabras a lo largo de toda su vida su admiración por la obra de su coetáneo Pablo Picasso, una pintura icono del siglo XX y símbolo universal de la barbarie y destrucción de la ciudad sagrada de los vascos.

Durante la dictadura y después, el Gernika devino en un símbolo no sólo de una búsqueda desesperada por la libertad perdida, sino también de una búsqueda de identidad por parte del pueblo vasco, así como de resistencia.

La Asociación de Artistas Plásticos de Madrid y el propio Agustín Ibarrola desempeñaron un importante papel en este sentido.

A mediados de los sesenta y tras su paso por la cárcel, el artista vasco realizó varios trabajos donde aparecen fragmentos del Gernika para expresar, según el propio Agustín Ibarrola, los “nuevos guernicas” de Euskadi.

El mensaje ideológico destilado por las pinturas se vio justificado por la existencia de un escenario repleto de manifestaciones, estados de excepción, falta de control, etc.; pero más interesante aún fue la representación en los muros vascos de estos modelos contrapuestos: al lado de la imagen del Gernika de Picasso, las semejantes figuraciones geométricas de Ibarrola, con el lema “Gernika… Mañana todo Euskadi”.



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La alusión al problema vasco era más que directa.

No obstante, no fue un caso aislado. Por ejemplo, destacó el Homenaje a Gernika de Picasso por parte de José Luis Zumeta, miembro del grupo vasco Gaur, y ganador con esta obra en el año 1967 del Primer Premio del III Gran Premio de Pintura Vasca.

Los murales del movimiento comunista de Euskadi reproduciendo el Gernika constituyeron nuevas representaciones de un período en donde el lema “Guernica Gernikara” (El Guernica a Gernika) fue difundido por todo el País Vasco.

Después de la muerte de Franco, era un momento especialmente delicado, ya que se reavivaba el debate sobre la vuelta del Gernika a España, es entonces cuando Agustín Ibarrola y el equipo de plásticos de Euskadi pintan para las fiestas de la localidadad vizcaína de Portugalete el mural “Guernica obra de Picasso exiliada en USA propiedad de los pueblos de España”, con las mismas dimensiones que el original.

El Gernika de Picasso a Gernika 

Corría una nueva década, con el advenimiento de un nuevo clima político, pero las reivindicaciones sobre el Gernika seguían intactas. No había terminado el año 1977 cuando en la prensa vasca comenzó un intenso debate entre los artistas sobre el destino final de la obra.

En el diario Deia, Agustín Ibarrola publicaba todo un panegírico titulado “El Guernica de Picasso, a Guernica”, como consecuencia de unas declaraciones vertidas, en el mismo diario, por Santiago Carrillo y su apoyo al traslado del Gernika al Museo del Prado.

Símbolo de la Guerra

Y otra década más tarde, todo seguía igual en ese sentido, pero se sentía que el valor de la obra como un símbolo de los terribles sufrimientos de las guerras se iba desvirtuando. Así que en 1987, en el quincuagésimo aniversario de los bombardeos nazis que destruyeron Gernika y Durango, un nutrido grupo de intelectuales emitieron un manifiesto en contra de cualquier conmemoración folclórica de ese atentado.

En su lugar, animaban a convertirlo en una idea dinámica de paz, que no solo se difundiera en los foros internacionales, sino que se extendiera a la sociedad vasca a través de los valores de convivencia y tolerancia.

El documento llevaba la firma de Agustín Ibarrola, así como de Manuel Tuñón de Lara, Jorge Oteiza, Juan Maria Bandres, Rafael Alberti, Francisco Umbral, Imanol Arias, Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute, entre otros, y expresaba el deseo de convertir a la obra de Picasso en testigo universal para resucitar la idea de la paz en un mundo en el que cada vez quedaban menos palomas blancas y sobraban misiles radioactivos.

Además, interpretaban que dejar el Gernika en el Museo
del Prado suponía, para muchos, una “desconcentración del patrimonio artístico” o, lo que es lo mismo, un ataque a esa responsabilidad de compartir el legado cultural y artístico español.

El proyecto propuesto para el pueblo de Gernika, entre otros por Agustín Ibarrola,
 consistía en la construcción de tres tipologías de museo: internacional, nacional de Euskadi y centro cultural. Reivindicaba asimismo a los vascos como los principales protagonistas de su gestión.

La pintura del horror

El 26 de abril de 1937 era un apacible lunes de mercado en Gernika, insignia de la libertad vasca, pueblo trabajador y amante de la libertad. Sus moradores se encontrabaan en sus respectivas plazas vendiendo y comprando los productos bajados de los caseríos de las montañas, hasta que las campanas empezaron a tañer a las cuatro menos cuarto de la tarde.

El horror llegó cinco minutos después y el dolor se quedó impregnado eternamente tanto en esas calles como en el arte de Picasso. La aviación fascista de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria Italiana, aliadas franquistas, se cernió sobre la localidad vizcaína y la arrasó con sus bombardeos sin que se hubiera cumplido un año de Guerra Civil.

Pablo Picasso pintó su genial obra entre mayo y junio de 1937, a pocos días de ocurrir el bombardeo del 26 de abril de 1937 durante la Guerra Civil Española.

Fue realizada por encargo del director general de Bellas Artes, Josep Renau, a petición del Gobierno de la Segunda República Española para ser expuesto en el pabellón español durante la Exposición Internacional de París en 1937, con el fin de atraer la atención del público hacia la causa republicana.

La obra considerada una de las más importantes del arte del siglo XX, es un óleo Gernika al que el artista le sumó otros elementos como recortes de diarios sobre la guerra. En la década de 1940, y debido a la dictadura franquista Picasso dejó su obra en custodio del Museo de Arte Moderno de Nueva York, MOMA.

En 1981, y en democracia, el Gernika regresó a España.